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martes, 8 de septiembre de 2009

Titopu y Conmari (break)

Titopu y Conmari (break*)
De Conmari y...


"i can't stand this common shit

life's too fast for me
everyone's trying so hard to impress
what is the really meaning of humanity
morals and values are based upon
your style of dress
money in your pocket will become chump change
if we don't make any progess
sucess and fitness are the trend
of today
infomercials keep us all in touch
with modern technology
lets shoot the moon!
shoot the moon
let's shoot the moon
soon you will be shopping
without leaving your front fucking door
the cost of living is never going away
jobs are fading and poverty is on the rise
lets shoot the moon!
shoot the moon
let's shoot the moon"


Shoot the moon; Voodoo Glow Skulls



Cuando Ellas dos pasaron tomadas de la mano, él, que venía de frente las miro sin reparo. Pero, cuando paso por su lado volteo y miro de nuevo, hizo un gesto y un movimiento con su cabeza. Ellas no lo determinaron, no se enteraron de su presencia; tampoco fue una ausencia. En su hablar tranquilo, Las dos jóvenes hablaban de algo que no se, que el hombre tampoco sabe. Como tampoco saben o sabrán ellas de la mirada de ese hombre que no se enterara de esta escritura; al igual que Ellas, ellos, y no usted que ahora lee. La indiferencia no los hizo indiferentes, ya somos diferentes en nuestras humanidades, por eso, cuando el diferente (Tu) tropieza con lo diferente (otro) se sorprende, pues, cree estar mutado en el otro parecido que el otro (Tu), lo que quiere decir yo mismo, que cree normal. Pero, debe permanecer es en la diferencia y no en la igualdad repetitiva, la diferencia perdida en la chifladura.
La luna que no es loca. La loca que no es Luna. Luna que está un tanto loca; no lo pensaba Ella, lo veían los seres a su alrededor y en su trato. Luna en movimiento singular. Luna que veía La luna. La luna que no se entera. La loca Luna que gira mirando La luna. Luna, que bella La luna. Ella era Luna: Nombrada como eso que vemos y llamamos La luna. La luna siempre arriba de nosotros, aparece en la noche con más “claridad”, se deja ver en las t
ardes, en las mañanas, la vemos y no la conocemos, creemos que la han pisoteado, hay fotos, has palabras para ella y concernientes ella. Estos rasgos algunos los cumple Luna. Pero, Luna no es blanca o amarilla; si es La luna de estos colores, no es redonda, ni acéfala, no sabemos que hay en su interior (en el interior de sus intestinos: grueso y delgado. El interior que raya con el exterior entre la dos uñas de los dedos gorditos de sus pies izquierdo y derecho y la capa de carne o piel que hay bajo estas, bajo la uña y encima del cuerito algo negro, dentro y fuera de Luna). Luna calla. Calla en la noche y en el día. Es fuerte y bella. Conmari estaba con Ella. Caminaron juntos, cruzaron calles y andenes juntos, se sentaron uno al frente del otro. Se miraban, se miraron. La luna quedo tras de Luna; Luna enfrente de Conmari; Conmari miraba a Luna y detrás de Luna, la Luna. Los dos en silencio. Conmari sin la voz le habla, le hacía saber y lloraba sin lágrimas. Sus labios tenían un suave y rápido movimiento, y no se despegaba el labio inferior del superior, una especie de tic. Le decía cosas tan humanas, que una rosa jamás sabrá y una orquídea jamás expresara. Luna escuchaba lo que él decía, lo entendía sin entender. Luna no se inmutaba. Su frialdad no apagaría los sentimientos de Conmari… Fue, una noche sin La luna que conoció a Luna. A falta de La luna, Luna ilumino la oscuridad de los sentimientos de Conmari. Pero, ésta noche Conmari le dijo todo mirándola, mientras escuchaban la noche, palpaban toda la fuerza de sus pulsiones. Termino de decir todo, cerró los ojos tratando de guardar ese último enfoque de Luna y a las espaldas de Luna, La luna. Fue una obturación: las cortinillas que hablaban y dejaban que la tragedia se revelara en sus ojos, se cerraron. Luna y La luna, la noche y unas pocas estrellas, que ahora recordando la imagen se ven, quedaron inmortalizadas y en la historia de Conmari. Con los ojos cerrados se levanto, volteo, abrió los ojos y se fue… sin Luna, con La luna detrás de él y acompañándole hasta su morada. Luna allí sentada descongelo su frialdad y hablo, susurro, ocurrió cuando ya no podíamos escucharla, mirando su interior, no vio cuando cruzamos la calle con Conmari. Luego grito y el grito golpeo el muro de la esquina por donde giramos unos segundo antes a la izquierda con Conmari. La libertad, el desencadenamiento de los sentimientos se regaron en aquel espacio como cuando se sopla un diente de león, sus hojas o cipselas flotan en el aire un instante y desaparecen. Luna no-vio que La luna se oculto para dar paso al sol. Luna nunca se entero que Conmari en su cuarto tenía dibujada en la pared una niña que miraba La luna. Encima de esa pequeña y simbólica imagen, Conmari clavo una puntilla de cinco martillazos y en la puntilla ahora reposa un frisbee con una estrella que cubre a la joven luna y La luna… que un día o una noche junto a Conmari caminaron por las calles de la ciudad.

Esta foto fue tomada sin permiso del perfil de facebook de Juan Sebastian Ocampo
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No podemos permitir que en este bosque fangoso del ultimate, nos perdamos y nos hundamos. Hay que marchar y generar caminos en el bosque. Hacer que el pantano cree un oleaje y ese oleaje moverá de tal forma que retumbara en más personas, con un sentido desinteresado y en aras del bienestar y el porvenir de nuestro ultimate


* Esta historia es un bache o rompimiento de Conmari en la narraciones no-lineales de Titopu y Conmari

domingo, 15 de febrero de 2009

Titopu y Conmari

Entrega número siete

De cómo (no) se pasa una noche

"Para quien pedía algo. Entonces nada"

Caía, caía, caía, y simplemente iba en picada para el suelo. La ley de la gravitación opera muy bien en la materia; en esta en particular materia. Si hacemos un plano en picada, desde arriba y sigues el recorrido de la materia, rápidamente no ves que hay a los lados, solo es la particular materia en su momento más prodigioso, en la caída, en el arremeter en contra de. Toco su fin y se esparció un poco. ¡Maldita sea! Es la expresión que se escucha. Esto solo me pasa a mí. No que guevonada y pa’ devolverme, noooo… acto seguido abren la puerta. Como están, casi no llegan. Entran Marie P…, Conmari y Titopu a la residencia donde una fiesta se lleva a cabo. Las palomas quedaron fuera en el alambrado eléctrico, no fuera de la imaginación de cualquier hombre, dormían o reposaban de su ajetreado día en la ciudad, en su cotidiano parque y toda la noche soltando sus heces fecales. Si sois precavidos, puedes notar que en el piso hay una mancha entre blanca y gris y pintas negras pegada en el suelo mostrando la rutina de aquellas palomas que pasan la noche en el alambre. Alambre que cruza por un árbol, árbol con ramas llenas de hojas que no permiten que se mojen de a mucho las palomas.

LA FIESTA

Personas por todos lados, caminan, van y vienen, se mueven por toda la casa. La casa tiene su sala. En ella, en la sala, se encuentra la mayoría de gente departiendo y hablando en voz alta debido al alto volumen de la música; en otra situación escuchar es tono de voz usado llevaría pensar en discusiones, pelea, boche. Pero en el momento no preocupa, se habla mucho sin importar nada en la sala. Movimiento de cuerpos rítmicos, solos, en pareja o en ronda, también los hay arrítmicos y con muchas miradas encima, miradas con gesto de burla o simplemente .nunca habían visto tal categoría de baile. Cada cual en lo suyo y lo suyo en cada quien.

Titopu se queda en la sala, saluda, toma asiento, toma un trago y escucha.

Conmari y Marie P… siguen el recorrido por la casa. Conmari busca la cocina o el baño. Lo hace mirando cada puerta a donde lo conducirá, mira los cuadros, las paredes, el techo, el suelo, decoración, materas, abre una puerta da con una habitación donde se encuentran algunas personas, entre ellas conocidas de Marie P… que distraída caminaba, pero de igual modo se concentraba en acomodar su brasier, la tira que toda la tarde le había tallado en su hombro izquierdo. ¿Por qué no lo cambie?, dice para sí misma. ¡Hey! ¿Qué más? Entra a la habitación Marie P…, saluda y se queda allí.

Conmari continua su búsqueda; ahora nos vemos le dice a Marie P… encuentra una baño que por fortuna estaba solo. La cerveza y el licor no hacen de las suyas aun en el cuerpo de cada uno de los sujetos y sujetas en la fiesta.

CONMARI

¡No, que mierda! Exactamente esa es la frase ¡que mierda! La paloma había defecado en el hombro de Conmari, pero no el hombro de él sino el hombro de su camiseta. Camiseta negra para su combinación de residuo entre solido-espeso-liquido, popo de bebe. Se la quito, abrió un poco la canilla del lavado, metió la parte contaminada el pequeño chorrito de agua, la limpiaba con los dedos pero algo no resultaba como quería. Busco en la gaveta en que se posaba arribita de su cabeza y encontró lo necesitado. Lo remojo un tanto y si, la mancha salió en su totalidad, tomo la crema dental le hecho un poco al cepillo de dientes, lo juago con agua y lo dejo en el lugar donde lo había encontrado en la gaveta. Tomo algo de enjuague bucal, aprovechando que estaba allí, hizo gárgaras, las boto, puso de nuevo su camiseta, se miro al espejo, se paso la mano mojada por su pelo, lo cuadro, tocaron la puerta, “ya voy”, salió. Por el corredor fue en busca de un trago, saco una cerveza de la cocina que no sabía donde quedaba pero la encontró. La cocina daba a un patio, en el patio una banca, en la banca se sentó y paso allí un buen rato tomándose la cerveza. Pero ese rato no lo pasó solo. Un amigo a su lado tomo asiento y comenzó la charla habitual: ¿Qué más? ¿Qué has hecho? ¿Cómo vas? ¿Y el estudio? ¿La novia? Bla, bla, bla. Luego la conversación tomo otro rumbo para el gusto de Conmari, el parcero saco un cigarrillo, su candela y lo encendió, succiono el filtro, humo en su boca, una mirada al cigarrillo y comenzó hablar: en la moto sin nada que hacer, recorría las calles de la ciudad, hago el alto en una calle y veo que una rata pasa, la sigo mirando y va a dar a un basurero; las personas dejan la basura fuera de sus casas cuando no debe ser, lo hacen, debe ser la misma moral cristiana que los hace operar de tal forma., desechar en cualquier momento sin importar el fin, dijo él. Pero, no era solo ese gran roedor, eran muchos. Apague la moto, me baje y comencé a patear chuchas en la noche sin más ni menos, era algo divertido y de lo divertido ahora que hablo me entero porque en el instante solo era patear y patear. Es interesante cuando alguna toma posición de ataque hacia ti. Sus ojos enojados, su pelaje erizado y su asquerosa cola gruesa con ganas de azotarte hasta que mueras; claro, eso no lo podrían hacer pero yo lo pienso así. Y Tú también tienes un instinto animal en el momento y lo dejas continuar. Vaya golpe le di, sentir como la chucha ésta se le rompe la cara, explotan sus órganos gracias al buen atine de mi patada es buenísimo. Que buen pasatiempo es patear chuchas en la noche, hacen algo de ruido al golpearlas lo cual altera el silencio residencial. Suelo patear pocas, pero esas pocas si queme hacen sudar. Podría ser un deporte, lo dice mirando las nubes de la noche como se mueven. Conmari se levanta y le dice: viejo, vamos a patear chuchas ya. Se levanta el hombre de la banca, ultima fumada, tira el cigarrillo al piso, lo pisa y salen por el corredor. Conmari mientras camina escucha unas voces: “se puso buena la fiesta ya se están quitando el brasier”, vos de alguna mujer ruidosa y acompañada de otros gritos de mujeres, que provenía de la pieza donde Marie P… se había quedado. Los dos salen en la moto en busca de chuchas. Llegan al lugar descrito por el amigo de Conmari, el tipo tiene ya técnicas para agarrarles descuidadas a las chuchas. Se esconde tras un árbol, espera el momento preciso y ¡Tam! ¡Pum! ¡Splash! Rata contra el muro ha pegado. Rata con órganos destrozados esta pero ya no es. Acércate pues que no demoran en despertar los vecinos. Conmari va y mira la chucha muerta, acto seguido le pisa la cabeza, siente como se destroza cada hueso del insignificante animal. Y tiene tanto sentido ese acto que solo se dedica a destripar cabezas de chuchas. Le agrada el sonido al destriparlas, la deconstrucción de tan calculado organismo, es como generar un caos en lo natural. Es lo que siente Conmari al pisotear cabezas de chuchas. ¡Time out! Se largan del lugar van felices, sonrisas en su cara, sangre en los zapatos, la brisa de la noche, retorno a la fiesta. Marie P… y Titopu ya van de salida. Te estábamos buscando, le dicen.

MARIE P…

En la habitación se dio cuenta que casi todas las mujeres se encontraban allí. Conversaban sobre su vida en la universidad y como todo ocurría con tal simplicidad. “conocí a un tipo que me llevo al cine y no paraba de hablar en medio de la película. Aunque no hablaba muy alto, lo desesperante era el susurro muy cerca del oído. Yo pensaba que me iba a meter la lengua a mi oreja hasta tocarme el tímpano”. Eso hablaba una nena que no podía dejar de hablar, todas la escuchaban mientras Marie P… continuaba con su tira del brasier inconforme. Si bien la nena no paraba de hablar, continua su historia sin ser interrumpida: “entonces le digo: ¿Por qué no hablas con Carmelita? El tipo responde ¿Quién es esa? Pues mi seno izquierdo el derecho se llama Candelaria. El tipo no volvió hablar en toda la película, además hablar poco después de ella y además de no volverme hablar. Pero asunto solucionado ¿Cómo hablar con una Kika? Solo lo logramos nosotras o… ¿yo solamente? Claro solo funciona con algunos tipos, otros se te tiraran enseguida.” En el momento del silencio después de contar la historia Marie P… comienza a quitar su sostén bajando las tiras, desabrochando atrás y lo saca por debajo de su blusa sutilmente a lo que la nena parlanchina comienza a decir: “se puso buena la fiesta ya se están quitando el brasier”. Marie P… que no esperaba tal reacción, se sonroja, además de no saber dónde poner su brasier lila. La nena parlanchina que arma un zafarrancho por el acto de Marie P… para su tranquilidad y confort, se quita su brasier, la euforia entra en la pieza por lo que Marie P… sale del lugar. Busca una cerveza y se sienta con Titopu. Feromonas quedan circulando en la habitación.

TITOPU

La noche de Titopu transcurre entre las conversaciones más extrañas, bizarras y aburridas. Alguien cuenta su aberración por las gaminas y sostiene que le gustan por su desaliñe, su extraño y exótico cuerpo; suelen tener cuajo y ser escuálidas. Su actitud es positiva ante la vida, en lugar de echarse a la pena. Su vocabulario es rico en malas palabras, ¡me alaga!

Otro comenta que le gusta ver cuando los perros salen con sus “amos”; o al contrario, dice pues, es el perro quien parece dominar a su “amo”. Le gusta cuando van a defecar, conectar, unir, juntar, entrelazar su índice de la mano derecha con el índice de su mano izquierda y halarlos de tal manera que el perro no pueda dar de su cuerpo. Yo sé, dice él, eso no funciona y es un cuento raro que deambula por las calles; Pero, lo gracioso es la mirada del perro a su “amo”, como diciéndole: “decile que deje de hacer eso que no puedo cagar”. Respuesta del “amo”: (poner acento de Nea) “parce, deja cagar el perro tranquilo… o a vos te gustaría que no te dejaran hacer del dos tranquilo”. Eso sí que es chistoso el perro ordena al “amo” y yo me cago de la risa. Dice éste tipo particular.

A otro le gustaba contar los pasos que daba todo el día y llevaba sus cuentas en un cuaderno. Otro le gustaba estorbar en el bus parado hasta que alguien le pidiese permiso, e tal forma creaba cultura bus en la ciudad, decía. Cuando llego Marie P… al lado de Titopu que no hacía más que escuchar las historias algo patéticas para su gusto. Comenzó hablar alguien que tenía la cara algo rota, aporreada, ceja rota, labios cosidos, mano con yeso y los pies no tengo idea pues el jean no dejaba ver.

“Yo suelo competir con unos parceros en los centros comerciales cualquier estúpido juego que se nos ocurra, como: lanzar escupas a los helados de las personas desde un piso más arriba de las víctimas. Al que pillen, no solo le toca pagar el helado de la persona, pedir disculpas, sino también paga helado pa’ todos.

El que más alarmas de carros active en un parqueadero con carros en un minuto; el que más número de teléfonos de mujeres consiga y si adicional consigue foto punto extra y el juego que me tiene así: subir y bajar en el menor tiempo, en el recorrido contrario las escaleras eléctricas. Comencé subiendo por las escalas que bajan, me descache varias veces, caí en las rodillas, esa punta de las escalas se le clavan a uno y no solo eso como vas con las manos sobre el caucho que se desliza por los lados donde pones las manos para tomar impulso, no me dio tiempo y la cumbamba también toco la punta de la escala. Como iba tan atrás al llegar arriba y tomar la que sube pero para bajar, comencé a saltar pero caigo mal y me doblo o tuerzo el tobillo, me rompo el brazo izquierdo y tengo varias heridas en el tórax, en otros lugares de sus alrededores y los que a simple vista pueden ver.”

Titopu le susurra al oído a Marie P…, le dice que va a mear y que vuelve para irse a casa. Ella mueve la cabeza como gesto de aceptación.

Titopu entra al baño cierra la puerta, pone seguro, levanta la tapa del baño, luego sube la otra en la que se posan las nalgas, estas dos las levanta con el pie; pie que deja encima de la taza del sanitario y con su rodilla sostiene las tapas, comienza a mear; no antes de haber hecho el protocolo de sacar su “aparatejo”, y hace movimientos circulares con el chorro de orín que produjo y sale de su cuerpo y cae al agua del sanitario. Círculos que pueden recordar los corte en ataque o en defensa que hace un particular jugador de ultímate. Mientras hace su acto de micción, Titopu recuerda lo perturbados que están esos tipos y cae en la cuenta en su absurda y practica costumbre de orinar, levantar la tapa con los pies, hacer círculos ¡juepucha! ¡Soy uno de ellos! Pero no tanto. Lo sacude, le mira, le guarda, lo acomoda, sube el cierre del jean, deja caer las tapas de baño sanitario, vacía, su agua no tan amarilla se va como la noche, como él para su casa, lava sus manos, se mira al espejo, moja su cara, sale, encuentra su mirada con la de Marie P…, ella entiende que es hora de partir. Se para acomoda su braga disimuladamente, sus tetas están libres, todo el mundo anda entretenido, dicen entonces: hasta luego, es hora de dormir, caminan al encuentro de la puerta de salida, la encuentran, la halan para abrirla, se abre y se encuentran a Conmari. Reacción de Marie P… y Titopu: ¡te estábamos buscando! ¿Dónde andabas? Pateando la noche; dice Conmari. Éste se despide de su parcero. El mansito entra a la casa. Los tres de nuevo bajo las palomas en el cable de luz o cable de la energía eléctrica. Titopu intenta parar un taxi, el cielo de la noche que parece tan negro, nunca lo fue y da paso a un azul oscuro que pronto llamara al día. Conmari da un beso a Marie P… mientras cae, cae, cae sobre Conmari de nuevo las heces fecales de las palomas que ahora ven el amanecer y en ese amanecer su volver al cotidiano ser natural; nunca dejaron de ser naturales. Tan natural como el beso que recibió Marie P… y su reacción de placer y seguridad. Tan natural como la necesidad de micciones. Tan natural como buscar la comodidad y mejor estar de Tu cuerpo. Tan natural como dejar que lo natural sea y permanezca (tan natural como dejar que la naturaleza deje de ser). Tan natural como estar con otros. Tan natural como conocer a alguien. Tan natural como la muerte. Tan natural como quedarse sin palabras sin saber a dónde ir, mirar por la ventana y dejar pasar el tiempo y…

Escrito por J.Camilo

sábado, 5 de abril de 2008

Titopu y Conmari

Entrega numero seis:
Sin titulo aun

Dedicado a: Eliza, la nena que tuvo el percance el pasado Floreztaso versión VII, espero estéis bien, un abrazo.

Se vistió y salio. Así comenzó su día, con todo lo complicado pero descuidado que se empieza un día normal. Sin preocupaciones tomos sus prendas de vestir e introdujo su cuerpo en ellas. Éstas hacen parte de él de sus rasgos de su perfil, ya su imagen no es la del solo cuerpo en su espacio, sino, un cuerpo cubierto. El cubrir suele ser un ocultarse de los otros o simplemente despiste o simplemente protección del clima. La ciudad del mismo modo se viste de estructuras que nos ocultan tras ellas, detrás de sus colore grises que muchos transforman con un colorido lenguaje, dejando encima de ese color gris del cemento palabras que expresan lo inexpresable oralmente y solo posible de expresar en la imagen. Por eso la imagen es importante, la imagen de tu cuerpo recreado con tus prendas o tu desnudez.

Era Titopu que se encontraba en un terreno donde alguna vez un Suricato fue a parar en Venezuela buscando su lugar de estadía, dicen que un tanto borracho el hombre se desvió, perdió su rumbo y fue a parar a tal sitio. El lugar donde se encontraba Titopu es donde suelen descansar algunos cuerpos; eso dicen algunas personas. Reposan acostados, pues es una posición más cómoda para el hombre. Es en tal posición donde se suele pensar, es en esa posición y dependiendo donde se este que el interior del hombre se transporta. Acostado, piénsese en la cama, mirando el techo, pero hay muchas clases de techos dependiendo de cada individuo y su situación en el mundo. Hay techos con ventiladores. Otros con huecos, telarañas, decorados, otros simplemente no tienen techo. Acostado se pueden hacer muchas cosas solo tu imaginación lo puede crear y tu ser hacerlas realidad.

En esos lugares, acostados, llenos de formaldehído al 33% en sus cuerpos, suturados, con algodón en su cabeza que fue introducido por la nariz de manera constante y fluida, los ojos pegados con pega loca, algo de maquillaje no importa si es mujer u hombre. Ahí en el llamado campo santo permanecen por lo general una larga temporada de 4 años, tres o cuatro metros bajo tierra, dependiendo el terreno asignado su reposo y el ánimo de quien le toca cavar el hueco. Allí permanecerán, permanecen y espero no permanecer. Allí estaba Titopu con su mirada clavada en el horizonte, ese mismo horizonte no cambiante, mirando el ocaso, la desaparición de la luz por el occidente, el horizonte libre que recrea la planicie de estos lugares que como solían hacer los griegos dejaban el cuerpo de su ser querido, dependiendo su deceso mirando al oriente la salida del astro sol o al occidente mirando como se va la existencia del ser humano entrando en las tinieblas.

En ese instante se acerca un sujeto le pone la mano en el hombro a Titopu y le dice: hombre, estas cosas tienen que pasar, la gente llega a la tierra, camina por ella, pero no sabe y no quiere saber que tiene que dejar de estar. En ese momento Titopu mira al hombre. Hombre que mirando la tumba recién cubierta de tierra amarilla le dirige las palabras y vuelve su mirada hacia si mismo. Hace un barrido con su mirada desde la tierra que más que amarilla es como naranjada, la grama bien cortada, pétalos sobre ella, llega su mirada a los tenis de tela que lleva puestos, sucios que alguna vez fueron blancos, mira su jean negro, una camiseta tipo polo negra, le falta un botón y se entera entonces que lo están confundiendo con uno de los dolientes de quien reposa en ese lugar, cubierto de tierra.

El hombre continúa con su discurso: hombre se ve que usted la quería mucho, pues lo veo embelesado ahí parado sin encontrar ninguna respuesta a lo sucedido. Eso no es ningún problema, pues el mundo esta lleno de preguntas y ninguna respuesta atinada. La mujer que se encuentra ahora debajo de nosotros y estará siempre debajo literalmente porque: ¿Cómo puede ir la gente al cielo con tanta tierra encima? Yo la quería mucho, pase muy buenos momentos con ella. Lo que no eran momentos era levantarme con ella a mi lado; mirarla como dormía tan serena y virginal; escuchar su natural salir y entrar de nuestro mismo aire a su cuerpo que suele pasar desapercibido; recorrer con las yemas de mis cincos dedos de la mano lentamente su rostro, sentir su cuerpo era algo tan inexplicable, conmovedor, apabullante, algo tan sublime que… me entere que la amaba.

Entonces le di un beso, el beso mas sincero y real de toda mi vida, si es que he vivido, le eche una última mirada y la mate. La mate porque la amaba, tan simple como eso.

Si es usted o era usted el novio de ella, no le pido disculpas pues no soy culpable de no saber amar. El hombre retira el brazo del hombro de Titopu, lo mira, se miran encuentran sus miradas, ojos abiertos, fijos. El hombre se va.

Titopu sorprendido mira la tumba acompañada de algunas flores de colores. En esas llega Conmari que le dice: Parcero, no vamos a poder seguir lanzando el disco aquí, parece que algunas personas no les gusto. Pero, que chimba ver el disco como pasaba por encima de todas la tumbas libre como la libertad que han encontrado quienes ya no existen aquí, libertad que no alcanzara jamás un ser corpóreo animado, llamado ser humano.

Ah! Pero el Cela me dijo que si queríamos, cayéramos en la noche.

"Donde enterrar lo que ha muerto, cuando se va el sentimiento"
Pastelarium, álbum: Toda la puta vida igual, La Polla Records